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Cultura

Retoman exploración arqueológica del meandro de la Zona Arqueológica de Yaxchilán, en Chiapas

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Redacción.- A principios del siglo XX, el explorador inglés Alfred Percival Maudslay (1850-1931) realizó el primer bosquejo del yacimiento arqueológico de Yaxchilán, localizado sobre un meandro al margen del río Usumacinta, en el estado de Chiapas. A más de un siglo de esas primeras exploraciones, arqueólogos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) retoman la prospección del sitio y han encontrado siete cuevas con materiales prehispánicos, lo que habla de la relevancia simbólica de estos abrigos rocosos entre los antiguos mayas, dado que podrían ser elementos fundamentales en la configuración de sus patrones de asentamiento.

 

Los arqueólogos Ileana Edith Echauri Pérez y Eduardo Arturo Tejeda Monroy, quienes participaron en el 1er Coloquio Los mayas en el INAH. Estudios inter y multidisciplinarios. Eje temático: Paisajes patrimoniales ritual, simbólico y natural, que se lleva a cabo hasta el 22 de junio en la Dirección de Estudios Históricos (DEH), expusieron que los materiales arqueológicos hallados en las cavernas, así como el registro de diez conjuntos arquitectónicos, son los primeros resultados de su proyecto de investigación denominado “Exploraciones al interior del meandro de Yaxchilán y su entorno”, que tuvo su primera temporada de campo en octubre de 2017.

 

Durante su ponencia, los especialistas realizaron un recuento de los viajeros, exploradores y arqueólogos que han mapeado el sitio, que floreció durante el Clásico Tardío (600 al 800 d.C.), entre los que sobresalen: Alfred Maudslay, Gerónimo López de Llergo, Teoberto Maler, quien le dio el nombre de Yaxchilán, que en maya significa “piedras verdes”, y John S. Bolles, quien elaboró el plano más completo y preciso del sitio, el cual fue refinado por el arqueólogo Ian Graham, así como por el equipo del Proyecto Yaxchilán, que encabezó el arqueólogo Roberto García Moll, y que ahora los arqueólogos Echauri y Tejeda buscan actualizar. 

 

Echauri Pérez, investigadora de la DEH, precisó que uno de los objetivos de la investigación es conocer la extensión y límites del sitio, ya que, aunque se sabe por medio de la epigrafía y de algunos estudios regionales hasta donde llegaba su área de influencia, todavía se desconoce el área total del sitio.

 

El proyecto también pretende identificar áreas habitacionales de los pobladores, que daban sustento a la elite gobernante, sus espacios de producción agrícola y la probable existencia de estructuras defensivas, ya que fue una región de constantes enfrentamientos bélicos.

 

Explicó que durante la primera temporada de campo exploraron el meandro con herramientas cartográficas, como los modelos de elevación del INEGI, en el que se observan prominencias y cañadas, así como con imágenes LIDAR (Light Detection and Ranging o Laser Imaging Detection and Ranging), que dan un acercamiento más preciso de la configuración del relieve de la omega, el cual fue proporcionado por el Centro de Cambio Global y Sustentabilidad del Sureste.

 

Su prospección siguió una cañada que atraviesa toda la omega en dirección noroeste-sureste, la cual comienza entre las colinas sobre las que se asienta la Pequeña Acrópolis, los edificios 37 y 38, así como el extremo sur de la Gran Acrópolis.

 

“Se trazó la ruta y se hizo un recorrido en superficie sistemático en el que se identificaron diez conjuntos arquitectónicos pequeños —compuestos por montículos, plataformas y patíos—, 13 estructuras aisladas, dos canteras y siete abrigos con materiales arqueológicos.

 

Resaltó que el meandro está lleno de cuevas, pero sólo se registraron aquellas que tenían vestigios, algunas de las cuales habían sido reportadas por José Alfredo Vera en 1996, y muestra una sucesión entre la arquitectura y las cuevas que eran espacios simbólicos para los mayas.

 

Por su parte, el arqueólogo Eduardo Tejeda comentó que en las dos canteras aún se conservan restos de trabajos de talla y preformas de sillares.

 

Sobre los abrigos rocosos indicó que la mayoría se localizaron en un pequeño valle ubicado en el área posterior de la Pequeña Acrópolis y los edificios 39, 40 y 41 de la Gran Acrópolis.

 

De las siete cuevas encontradas, sobresale la número 1, en la cual fue hallado el cincel de piedra verde, así como algunos tiestos cerámicos asociados a las estalagmitas existentes en dicho espacio, además de una plataforma cuadrangular de 5 m x 5 m. También es relevante la cueva 3, la cual se observó que fue modificada por los mayas, quienes tallaron las paredes de la entrada para lograr que se asemejara a una bóveda estilo maya. Asimismo, destaca la oquedad 6, en cuyo acceso se halló una ocarina antropomorfa “matada” (rota intencionalmente).

  

Sobre el 1er Coloquio Los mayas en el INAH, José Manuel Chávez Gómez, coordinador del mismo, sostuvo que este primer encuentro nació como un foro para que los investigadores del INAH den a conocer los avances de sus investigaciones, así como trabajos terminados recientemente sobre el área maya.

 

            Además, busca propiciar un diálogo interno y multidisciplinario entre arqueólogos, antropólogos, físicos, lingüistas, historiadores, antropólogos sociales que han dedicado años de investigación al área maya.

 

            Chávez Gómez apuntó que el eje temático gira en torno al paisaje, el cual es inherente a los grupos mayas, quienes durante siglos lo aprovecharon y lo modificaron para su beneficio, pero también fue la propia naturaleza la que les cobró factura.

 

            De forma paralela al coloquio se presenta la exposición fotográfica El patrimonio de la Biosfera del Petén y los sitios arqueológicos mayas: una evolución preliminar de 30 años de prospección y análisis de 1987 a 2017, de los investigadores Oscar Antonio Quintana Samayoa, de la Universidad de San Carlos de Guatemala, y de Juan Antonio Siller Camacho, del Centro INAH Morelos.

 

            La muestra reúne 30 fotografías que documentan los sitios de la región del Petén, así como algunas propuestas de reconstrucción de sitios como Nakun y Yaxhá.

 

            En el encuentro académico participan 50 ponentes de los centros INAH de Yucatán, Campeche, Chiapas, Tabasco y Morelos, quienes han abierto nuevas líneas de investigación que tienen que ver con salvamentos arqueológicos y archivos históricos.

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