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En manos de la FGE cinco casos de abusos de sacerdotes en Yucatán y la fuga de Baquedano Pech

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Foto: Diario de Yucatán

“¡De eso no hablo!”, “¡de eso no hablo”!, “¡de eso no hablo!” Así respondió tras oficiar misa y salir de la parroquia en Tixpeual, el sacerdote Teodoro Baquedano Pech, al ser interpelado por el reportero Didier Madera sobre los abusos sexuales denunciados por Silvia Chávez, quien fue violada repetidamente a la edad de 12 años, en la casa de sus padres en San Francisco, California, Estados Unidos, entre los años de 1967 y 1970. El cura fue denunciado y huyó a México refugiándose en su natal Yucatán, donde tras ser descubierto –a través de las publicaciones del Washington Post, Emeequis, Infolliteras y Tribuna de Campeche- el entonces arzobispo yucateco, Carlos Emilio Berlié Belaunzarán, lo “suspendió temporalmente” como sacerdote. Desde entonces, se desconoce su paradero, ya que según el archivo del bufete de abogados Jeff Anderson & Associates –especializado en la defensa y apoyo en Estados Unidos a las víctimas de abusos sexuales cometidos por sacerdotes- desde su suspensión en Yucatán en 2010 se desconoce su paradero y si tiene contacto aún con niños. Según informaciones, Baquedano Pech podría encontrarse en Corea del Sur, pero no hay datos para confirmar éste extremo.

El caso del yucateco Baquedano Pech podría ser uno de los cinco casos de abusos sexuales a menores reconocidos por la Arquidiócesis de Yucatán hace escasos días tras la cumbre anti pederastia realizada en el Vaticano y encabezada por el Papa Francisco. Dichos casos se encuentran en manos de la Fiscalía General del Estado de Yucatán, pero no se conoce ningún avance en la materia, tras años de secretismo y silencio.

Sin embargo, la Arquidiócesis en un comunicado publicado tras el viaje al Vaticano de los obispos mexicanos afirma que “durante los últimos tres años, hemos recibido algunos reportes, que se han atendido oportunamente. Tomando en cuenta que la población de sacerdotes en Yucatán incluyendo a los religiosos, es de 250, los que han sido sujetos de acusaciones y a quienes se ha aplicado este protocolo, representa un 2% del total. Es decir, en este lapso de tiempo hemos tenido cinco casos reportados, mismos que la Fiscalía ha estado investigando y de los cuales no se tiene una sentencia aún. Por respeto y protección a los afectados y sus familias, quienes han pedido confidencialidad, no podemos ofrecer más datos de estos procesos”.

Es decir, si bien hay un reconocimiento de que en Yucatán sí hay casos de abusos a menores cometidos por sacerdotes denunciados oficialmente, se resta peso a dichos crímenes al afirmar que se trata de “una minoría” de curas abusadores, sin mencionar, en lo absoluto, a las víctimas, y alguna posible reparación, tras años de silencio e inclusive acoso contra los abusados y quienes denunciaron los abusos. Hay que puntualizar que el relevo en la Arquidiócesis de Yucatán, ahora en manos del arzobispo Gustavo Rodríguez Vega, ha introducido un giro muy importante en éste y otros temas, tras décadas de maniobras oscuras del hoy arzobispo emérito, Emilio Carlos Berlie Belauzarán.

Luego de la cumbre del Vaticano en materia de abusos sexuales, organizaciones civiles y víctimas de pederastia sacerdotal se mostraron decepcionadas de los resultados del encuentro entre los obispos y el Papa, ya que no hubo avances en cuanto a transparencia, pues no se quiere dar a conocer la lista de los sacerdotes abusadores, ni tampoco el seguimiento legal que se ha dado, si es que lo ha habido, ni si están en prisión o en libertad, como señalaba Newsweek en un reportaje, en el que afirmaba que la jerarquía católica mexicana contrata negociadores para que lleguen a arreglos extrajudiciales entre víctimas y sacerdotes. En lo oscurito.

La Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) informó antes del viaje a Roma que han sido retirados del sacerdocio 157 sacerdotes acusados de abuso sexual contra menores en los últimos nueve años. Y que 101 sacerdotes acusados de este delito afrontan procesos penales ante autoridades civiles. Pero si nos remontamos en el tiempo, a al menos a los últimos 20 o 30 años, las cifras se multiplicarían, incluyendo al fundador de la Legión de Cristo, Marcial Maciel.

EL CASO DE BAQUEDANO PECH

En 2010 se denunció la presencia en Yucatán de un sacerdote que se ocultaba en el Estado tras ser denunciado de abusar sexualmente de una menor de padre salvadoreño y madre mexicana, que vivía en los Estados Unidos. Se trataba del padre Teodoro Baquedano Pech, quien a raíz de esta denuncia viajó a México y a Mérida, para escapar de las acusaciones y de las autoridades. Dicha información la dimos a conocer puntualmente en www.infolliteras.com y fue retomada por otros medios locales y capitalinos posteriormente.

Según un artículo de Martina Bruke, publicado por Emeequis (medio en el que publicamos parte de ésta historia), Baquedano Pech “durante su trabajo en la Arquidiócesis de San Francisco, California, abusó sexualmente de Silvia Chávez, quien tenía entonces 12 años, durante sus repetidas visitas a la casa de la niña, ya que se había presentado como consejero espiritual de la familia. El abuso se cometió repetidamente entre 1967 y 1970, de acuerdo con la demanda interpuesta el 5 de noviembre de 2003.

“En confesión, la niña le expuso al padre Baquedano Pech su malestar por la situación, pero el sacerdote le respondió que lo hacía con otras niñas, que no se preocupara y, después de confesarla, abusó sexualmente de ella. La actividad delictiva se repitió en varias ocasiones más dentro de la casa familiar. La demanda en su contra se encuentra en la Suprema Corte de California, en San Francisco”, añadía Emeequis.

Al cura abusador “se le localizó en Yucatán, pero el arzobispo Emilio Carlos Berlié lo protegió. Ya que hasta hace poco seguía oficiando misa”, señalaba Emeequis al denunciar una práctica común hasta hace poco en la Iglesia Católica y que el Papa Francisco parece decidido a frenar: el traslado de curas abusadores de una diócesis a otra, de un país a otro, para ocultarlos tras ser denunciados, lo que multiplicó las víctimas.

Emeequis también publicó comprometedores documentos enviados a monseñor Berlié Belaunzarán en el número 224, del 17 de mayo de 2010, en el reportaje intitulado: “¿Ya alejaron al padre Baquedano Pech de los niños?” y escrito al alimón por Didier Madera y Eduardo Lliteras Sentíes con fotografías de Cuauhtémoc Moreno.

Entre los documentos en cuestión se encontraba una carta enviada por el abogado estadounidense Jeffrey R. Anderson, especializado en demandas contra sacerdotes depredadores sexuales, en la que se advertía al entonces arzobispo de Yucatán que Teodoro Baquedano Pech estaba oficiando en Cacalchén en la Casa Cural.

“En su última comunicación escrita con Berlié Belaunzarán, Anderson se lamentaba por la actitud del arzobispo y lo responsabilizaba por el daño que el padre Baquedano pudiera estar causando a los niños que tiene a su alrededor.

“Sin lugar a dudas, este sacerdote sigue ahí abusando de esos niños. Resulta alarmante y frustrante porque estando en México no tengo ninguna capacidad legal de exponer a los oficiales eclesiásticos ni a los curas pederastas”, apuntaba Anderson.

El caso de Baquedano Pech fue retomado por el diario estadounidense The Washington Post en aquel entonces. En un artículo firmado por Nurith Celina Aizenman, se afirmaba que durante 12 años Silvia Chávez intentó advertir a los líderes de la Iglesia Católica en México y en los Estados Unidos, de los abusos sexuales de los que fue víctima cuando era niña en California.

De hecho, como explicaba el diario estadounidense, ella se reunió con miembros del alto clero en San Francisco para describir los abusos sexuales y contrató abogados para que buscaran al sacerdote en México. También escribió cartas al entonces arzobispo de Yucatán y al emérito de aquélla época, pidiéndoles que mantuvieran al reverendo Teodoro Baquedano Pech lejos de los niños.

Tras éstas denuncias ella recibió un escrito, decía The Washington Post, en el que la Diócesis de Yucatán le aseguraba que “se estaban tomando todas las precauciones… para restringir el acceso del padre Baquedano a los niños y a los adultos vulnerables”.

Pero como insistía el Washington Post, Baquedano seguía oficiando en Mérida. Extremo que pudimos comprobar en aquel entonces, ya que trabajaba en Nolo como cura. El Washington Post puntualizaba que a pesar de que Baquedano negó haber abusado de Silvia Chávez, la arquidiócesis de San Francisco le pagó 300 mil dólares a la víctima sin admitir culpabilidad.

Chávez, señalaba el diario estadounidense, que no descansaría mientras Baquedano permaneciera como sacerdote y tuviera acceso a niños: “El es un criminal que usa su collarín (la vestimenta sacerdotal) como arma. Si él me dañó, es capaz de dañar a otros”, decía Silvia Chávez.

En el amplio reportaje del diario estadounidense se afirmaba que Baquedano Pech llegó a San Francisco en 1967 cuando Silvia tenía 11 años. Y que a partir de ese momento Silvia se transformó. Pasó de ser una alegre menor a tener pesadillas, dejar de comer y tener terror de acercarse a los adultos, ya que además padecía de epilepsia.

El diario estadounidense señalaba, además, que existía documentación que acreditaba el intercambio epistolar entre miembros del clero en San Francisco y monseñor Berlié, a quien le comunicaron los abusos perpetrados por Baquedano Pech. En particular cita al auxiliar del obispo de San Francisco, John C. Wester, quien afirma que ha hablado y escrito personalmente del caso con el obispo de Yucatán, sin resultados positivos.


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